
Pequeñas bodegas, mucho carácter
Menorca no es una isla vitivinícola de gran producción, y eso es precisamente lo que hace especiales a sus vinos. Las cinco bodegas activas elaboran cantidades pequeñas con mucha atención al detalle, y el resultado son vinos con una identidad propia que refleja el microclima, los suelos y el carácter de la isla.
La tramontana — el viento del norte que bate Menorca durante meses — es clave. Retrasa la maduración de la uva, alarga la temporada y aporta frescura y acidez a los vinos. Junto con los suelos arcillosos y calcáreos del interior, da lugar a tintos de cuerpo medio y blancos de buena estructura.
Llevarte una botella de Binifadet, Torralba, Sa Forana, Binitord o Santa Catalina es llevarte algo que solo existe aquí. Y si lo combinas con queso Mahón DOP o sobrasada artesana, tienes el maridaje más menorquín que existe.